Su cuerpo se estaba poniendo negro como el carbón, pero nunca sospechó que su hijo tuviera algo que ver. ¡Tiene mucha suerte de seguir vivo!

La vida de Kevin Breen marchaba realmente bien. Era un feliz padre de tres niños y tenía una esposa muy guapa y cariñosa. Nunca imaginó el terrible destino que le esperaba. Cuando Kevin cayó enfermo con una infección aparentemente inofensiva, todo cambió de repente.

En el 2016, un par de días antes de Navidad, empezó a sentir síntomas parecidos a los de una gripe común.
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